La relación y la participación con las obras de artes ha ido cambiando a lo largo de la historia. En un principio apenas los ricos las tenían en sus casas, posteriormente, los museos y galerías permitieron al público observar esas obras de arte. Hoy en día las formas de interacción con una obra de arte son cada vez más.

A través de plataformas como Rome Reborn, o Google Art Project, podemos conocer e interactuar o con el pasado o con obras de arte. Pero la interacción o participación que hoy en día podemos tener con las obras de arte, va más allá de la experiencia en el museo o en plataformas virtuales que están a nuestra disposición.

El mundo del arte se ha trasladado a un media diferente camuflado en diferentes canales. El mundo de los souvenirs con obras de arte está revolucionando la economía de los museos. En el Palacio Belvedere (Viena) convertido en museo se encuentran expuestas una serie de obras de Gustav Klimt, entre ellas el famoso Beso. Este cuadro está expuesto al final de una sala rectangular, con las paredes pintadas de negro, y donde la única iluminación de la sala es la de los cuadros. La experiencia de andar por toda la sala hasta encontrarte con esos amantes enredados en un beso es indescriptible. Pero a la salida del museo se te obliga a pasar por una tienda, la famosa gift shop donde venden desde las típicas postales con el cuadro de El beso, hasta puzzles, carteras, paraguas, tazas o pastilleros.

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Aquí se inicia esa nueva forma de interacción con la obra de arte. Cuando alguien va por la calle con el paraguas de El beso, al cruzarse con otra persona, esta interactúa con el cuadro, que conoce o no. Es un nuevo tipo de experiencia con respecto al arte. Es obvio que la experiencia no tiene nada a ver entre la imagen plasmada en el paraguas a la enorme sala de paredes negras donde se expone El beso. Con la imagen del paraguas se pierde el aura de la obra de arte, aún así no deja de ser igualmente una interacción con ella.

A través de los souvenirs se está creando esta nueva forma de interacción y publicidad a la vez del arte.

Cristina Rodríguez Díaz